Mantén vivas tus oraciones

Desde que Saturno se puso conjunto a mi Ascendente transitando en oposición a mi saturno natal (entre otros jaques mates simultáneos en mi carta como Urano por tránsito conjunto a mi sol –once in a person´´´´ s lifetime, if so-), he incorporado un importante aprendizaje cuya moraleja puedo resumir en que:

Tengo para mí que no se reza así:

Personaje principal de «Mimosas» (Oliver Laxe), rezando.

 

Sino que se reza así:

Manuel Vilariño, Premio Nacional de Fotografía en 2007.

Leyendo a la analista (junguiana) Jules Cashford, me llama la atención el hecho de que observa -a partir de casos reales e investigaciones sociológicas, históricas y antropológicas- cómo eso que comúnmente entendemos por «la divinidad» aparece cuando la vida se manifiesta con especial intensidad y/o particular sufrimiento.

Esto lo vengo a suscribir yo, que antes rezaba como el personaje de la película de Laxe, pero ya no.

Lo entendí bien: no se trata de cerrar ojos y puños y «que sea lo que yo quiero, por favor, por favor, señor»… La plegaria, el diálogo con el nous está en las palmas abiertas vueltas al cielo, sólo así se pueden posar los pájaros en tus manos. Y los ojos bien abiertos, como los de Manuel Vilariño, una criatura casi mítica en sí misma, que se entiende bien con las aves.

Desde que me pasó lo que me pasó, aparte de ser otra, estoy ya despierta.

Y me da por rezar bien. Y los pájaros vienen a mis manos.

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