Febrero de 2022: Luna nueva, vida nueva.

El 1 de febrero de 2022 a las 05:47 (hora solar) es la segunda Luna Nueva del año.

Se da en el grado 12º de Acuario y coincide con la celebración de La Candelaria, Imbolc, Santa Brígida en la tradición… Y, por si fuera poco, es el inicio del año nuevo lunar en oriente (China: Año Nuevo; Mongolia, Tsagaan Sar; en las dos Coreas, Seollal).

Pero además, ocurre en un día equidistante entre dos fechas importantes: el día en que Venus se puso directo (28 de enero) el día en que Mercurio se pondrá directo (4 de febrero).

Nada es casual, menos en el firmamento. ¿Qué nos dice este “sándwich de luna nueva” entre planetas personales cambiando su movimiento a directo?

 

Si cada luna nueva abre umbrales a la renovación, revisión, replanteamientos, nuevos comienzos u objetivos y renovados enfoques a antiguos temas, este mes contaremos con una dosis extra de firmeza (el empujón de Venus directa diciendo: “porque yo lo valgo… lo quiero!”) y también un extra de energía mental enfocada para dar valor (Venus) a tus propias ideas u opiniones.

Venimos de unas semanas de cuestionamiento de la autoridad con la que  hemos estado tomando partido, posicionamiento o tomado decisiones en relaciones. Hemos protagonizado ciertas luchas de poder más o menos sutiles o encubiertas respecto a qué es lo que mejor nos viene a nivel sentimientos, o lo que realmente deseamos. Por eso esta lunación del 1 de febrero nos pone en un umbral decisivo, en el que a partir del día 4, coincidiendo con que la luna nueva ya muestra algo de luz (= claridad), tendremos mayor facilidad para definir ante terceros conceptos como la libertad, la independencia o la propia autenticidad o valía. Esto es por Acuario. Es como encontrarnos por fin en nuestra piel siendo auténticamente “nosotr@s” mismos, pese a quien le pese. Sin mirar atrás.

Antes tenía más “peso” la opinión ajena; a partir de esta lunación, ya no va ser tanto así. Porque en esta lunación:

  • Saturno está conjunto al Sol (y a la luna) en Acuario, es decir:

Quiero, pero no puedo.

O quiero, pero no debo.

Quiero una revolución, atreverme, cambiar, volar, dar el salto al vacío, romper, mudar pero hay un factor tiempo, recursos, limitaciones u obligaciones que no lo hacen factible.

Soy (Sol) y siento (Luna) que soy otr@ distint@ del que era, veo mi transformación a lo largo de estos meses, sí, la reconozco, algo ha cambiado sin vuelta atrás, pero tengo unas limitaciones reales (Saturno), compromisos o simplemente un calendario con unos plazos materiales que deben completarse, y que no me permiten dar el salto al vacío (Acuario) en este preciso momento. Frustrante… pero no tanto.

Hay un ingrediente nuevo en el pastel este del “soltar” que venimos experimentando en los últimos meses: un individualismo radical (Acuario-Urano) y obstinado (Saturno- Tauro).

Urano desde Tauro crea una cuadratura a la lunación (y de paso al Sol y a Saturno), reventando de una patada la puerta de ese umbral. Abre la vida a lo nuevo con un proceso disruptivo.

Madura un proceso de individuación y de manera inesperada, sorpresa, algo imprevisible: las limitaciones que encarna Saturno ya no van a encontrar resistencia y, en su lugar, va a crear una especie de clima energético en el que aportar estrategia para el cambio, no la resistencia a él. Una especie de formateo radical. De inversión de la óptica. Sí o sí.

¿Por qué? Porque en el ajo está también Plutón: Mercurio despierta directo el día 4 de febrero cerquita de Plutón, con quien hizo una conjunción el 30 de diciembre de 2021, la volvió a hacer retrogradando el 28 de enero y el 8 de febrero será la última conjunción, con mercurio ya directo. Plutón va al fondo del asunto, no se anda con medias tintas. Arranca de cuajo. En otras palabras, hace sitio. Mi abuela Elena, muy plutoniana ella, solía decir: “cuanto más bulto menos claridad”.

Tal cual.

Limpia toda la casa, despeja de bultos tu entorno más inmediato, retira la ropa con la que ya no te identificas, observa tus objetos cotidianos y pásalos por el check de “¿esto soy yo ahora? ¿me representa?”. A la mínima duda, tira con todo.

Es tiempo de toma radical de decisiones, quizás dolorosas (Plutón). Hay que dejar aparte el sentimiento de culpa, de autoindulgencia (Tauro), porque nuestros recursos (Venus) son nuevos. Nuevo ha de ser nuestro discurso, nuestros hábitos, nuestras costumbres.

Tenemos a disposición a luna oscura más luminosa de la temporada.

Un punto de folklore: en la zona de España donde resido, en la provincia de León, en la noche del 31 de enero al 1 de enero se volteaban las campanas para evitar que el Diablo preparara las piedras con las que haría descargar las tormentas estivales que merman las cosechas de la zona en forma de granizo o pedrisco. También coincide en algunas aldeas el rito de paso de la mocedad a la edad adulta. En todo caso, representa un umbral, un umbral a mayores del de la luna nueva, por equidistar esta fecha entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. En concreto en una zona llamada Los Oteros, el personaje disfrazado de Santa Brígida portaba en la comitiva nocturna una rueca y un huso. Y es que “en la mitología leonesa encontramos distintos númenes femeninos descritos como hilanderas, que simbolizan determinados aspectos de las campesinas leonesas, como es el caso de encantos o encantadas, mouras o moras, xanas o jianas, denominaciones diversas para un mismo ente mítico que en numerosas tradiciones leonesas es descrito como una hilandera”.

La fiesta de Santa Brígida en León: una celebración invernal preludio de la primavera. Nicolás Bartolomé Pérez.