Agricultura y reconexión: los héroes de la biodinámica

Es innegable la relación entre el cosmos y la agricultura. En el antiguo Egipto, la aparición de Sirio por el Este coincidía con la crecida del Nilo, permitiendo la planificación agrícola basada en ciclos estacionales. Esta fuerte conexión entre el conocimiento humano y la observación del cielo dio paso a la identificación de patrones que a su vez derivaron en sistemas predictivos de siembra, recolección, tratamiento del suelo, etc. Aquí predictivo significa anticipatorio y, como tal, sistémico. Eficaz. Verdadero.

Las contribuciones del filósofo austriaco Rudolf Steiner al germen de la Agricultura Biodinámica actúan de puente entre las observaciones del hombre antiguo y del hombre moderno y constituyen una evolución natural de la práctica astrológica moderna (a pesar de haber sido descrita por primera vez en 1924) ya que marca un punto de vista holístico como aglutinador de todas las fuerzas de la naturaleza. Astrología moderna, si bien considera aparte la precesión de los equinoccios ( a esto dedicaré un artículo aparte, al tratar cuestiones astronómicas más precisas).

Entre las temáticas planteadas por Steiner en sus conferencias, destacan las 8 impartidas sobre agricultura bajo el título de Curso de Agricultura”, en respuesta a los muchos problemas que los agricultores ya comenzaban a tener por aquel entonces en términos de la calidad de los productos agrícolas.

Steiner se centra en la gran transformación que está experimentando la propia naturaleza, en la relación entre la Tierra y el cosmos y en el papel de los célebres preparados biodinámicos como restauradores de un equilibrio perdido.

Rudolf Steiner parte de la hipótesis de que la Tierra es un ser viviente que evoluciona y, como ser vivo, está sometida a las leyes de todos los organismos vivos, con nacimiento, juventud, edad adulta, envejecimiento y muerte.

«Manto de calor de la Tierra», Johannes Onneken (detalle).

Observa Steiner que el planeta se encuentra ya lejos del tiempo de su juventud, cuando su vitalidad efervescente creó rocas sedimentarias en antiguas épocas geológicas. El envejecimiento de la Tierra se traduce en que actualmente estamos pasando por una densificación extrema de la materia. La compactación y la salinización del suelo son ambos síntomas de ello. Por eso esta deriva actual confiere al ser humano un papel protagonista, una responsabilidad única, ya que le convierte en corresponsable activo del devenir de la Tierra y lo describe con estas palabras: «Hoy tenemos la tarea de devolver a las sustancias de la naturaleza, casi sin vida, al camino hacia el espíritu».

El «espíritu» para Steiner es la fuerza última que lo anima todo.

Y eso que aún no se había extendido de forma tan radical el uso de pesticidas.

¿Y cómo se hace esto en los ámbitos de la agricultura y de la nutrición humana? ¿Cómo trabajar con las sustancias orgánicas para que vuelvan de nuevo a formar parte del proceso evolutivo y se reconecten así con las fuerzas cósmicas?

En buena medida, la respuesta está en los preparados, considerados en sí mismos, «sustancias cósmicas» capaces de actuar sobre las plantas. La antroposofía de Stainer considera a las plantas como un ser humano que hunde parte de su sistema nervioso –las raíces- en el suelo cultivable. Cuyas hojas se pueden comparar a una especie de intestino grueso que es capaz de absorber el dióxido de carbono, gracias a la luz solar y donde las hojas, las flores, las frutas y las semillas participan en el sistema metabólico como órganos de digestión y de reproducción.

(c) René Piamonte

Y es aquí donde entra de lleno la astrología: las plantas no tienen su propio sistema rítmico. Es el Sol y todo el cosmos lo que actúa sobre ellas desde el exterior. El Sol no actúa solo, su acción se modifica y acompaña de las fuerzas propias de cada uno de los planetas, si bien con ciertas diferencias: por un lado, cuando el Sol interactúa con los planetas más alejados (Marte, Júpiter y Saturno) y por otro cuando el Sol interacciona con los planetas más interiores (Luna, Mercurio y Venus).

En el primero de los casos necesita la presencia de sílice y de calor, y constituyen las verdaderas fuerzas cósmicas (la «corriente cósmica»), cuya actividad conduce a la formación de sustancias nutritivas, así como de todo tipo de naturaleza cualitativa: sabor, aroma, color.

En el segundo caso, dicha interacción tiene una cualidad terrestre, (la «corriente terrestre»), y se puede apreciar por ejemplo en el verde intenso de las hojas. Esta corriente más terrestre influye sobre la capacidad reproductiva de la planta. En este último caso de la interacción del Sol con los cuerpos celestes más próximos, la influencia de la Luna debería considerarse aparte por su notoria influencia, tal y como recoge María Thun en su monografía “Constelaciones y Agricultura Biológico-Dinámica”, donde se explica cómo todos los procesos vitales del reino natural se desarrollan siguiendo patrones rítmicos.

 

Si hay un patrón rítmico más identificable, cotidiano y afín al ser humano es el de las fases lunares: calendario primigenio del ser humano agricultor. El propio Steiner alude en sus conferencias de “Curso de Agricultura” a numerosos testimonios de civilizaciones que a lo largo de toda la Historia han venido respetando el patrón del ritmo lunar en sus cosechas. Lili Kolisko, una estudiante aventajada de Steiner, captó la importancia de la Agricultura Biodiámica y se percató de que, si bien existía abundante mitología, hechos probados y testimonios entorno a ella, no abundaban pruebas científicas sobre este particular. Con gran sagacidad, propuso a Steiner realizar un trabajo de campo que permitiera defender a la Agricultura Biodinámica frente a la comunidad científica y validas sus supuestos frente a los argumentarios más críticos. A tal fin, se “encerró” en un laboratorio donde se dedicó a sembrar avena en distintas fases lunares. Su investigación dio como resultado patrones de crecimiento y rendimiento perfectamente identificables que son retomados décadas después por los calendarios de siembra biodinámica actuales, completados con aportes más específicos provenientes de investigaciones posteriores:
“Durante los ensayos realizados (…) la Luna llena sólo nos trajo buenas cosechas cuando utilizamos fertilizantes de acción rápida de origen mineral o abono orgánico rico en nitrógeno”.

Kolisko investiga y reúne pruebas y muestras entorno a las fuerzas de cristalización en la naturaleza e influencias planetarias, así como el efecto de “entidades” que operan en diferentes sales, dedicando ingentes experimentos a los compuestos de sílice y analizando el binomio nutrición/agricultura con diferentes aplicaciones. Como resultado, un volumen de casi 500 páginas descatalogado y nunca editado en español. “The agriculture of tomorrow”. ¿Y si ese mañana ya hubiera llegado? ¿Y si no fuera tarde para un mañana?

Dedicado a todos los agricultores responsables, cósmicos, sensibles. Gracias por contribuir a nuevos despertares de antiguas fuerzas.

 

Referencias bibliográficas para la redacción de este apunte: Pierre Masson («Los preparados en el corazón de la agricultura biodinámica»), María Thun, Rudolf Steiner, Lili Kolisko, Glen Atkinson.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *